
Enviada por Guillermo y Fátima.
Quizás algunas cosas de acá te suenen, y con razón: la heladera y el calefón son conocidos nuestros desde hace mucho. Un año y medio después de ese debut, llegamos para conocer la casa completa de Valentina, El Negro y sus tres hij… gatos: Quique, Tito y Dimitri Vladimir.
La historia cuenta que hubo un un ambiente malogrado, que estancaba los demás.
Por Lou.
Foto: María.

Entra lámpara, sale cuadro.
Sale cuadro, entra corcho.
Pinto marco, alejo almohadón.
Sillón en oferta, avanzo a Siesta.
(Pero pierdo ficha de Espacio.)
Tiro flores, entra frutera.
Lámpara bajo consumo, retrocedo diez casillas.
Paso de PC a laptop, recupero ficha de Espacio.
Le emboco al color de pared, elijo de nuevo.
Por Ciervo con monóculo.
La canción es “Galáctica y real ”, de Sofía Viola.
Ceci y Santi viven acá, en este milagro que se presentó cuando vencía su contrato anterior y estaban, además de tristes, a punto de mudarse a lo primero que se publicara. Mucho más espacioso que el predecesor, quedó vacío aún después de acomodar los muebles que tenían.
Al tiempo ocurrió otro evento: Carlitos, un tío abuelo soltero, abandonó esta dimensión dejando sin dueño un montón de cosas lindas que adoptaron y adaptaron.
De la película You’ve Got Mail.
Su departamento tiene imponderables como los empapelados, las molduras, las bibliotecas y el piano, pero los que nos hacen suspirar son los ítems entrañables como el centro de mesa frutal, un reloj de pared entre muchos cuadritos, veladores de cerámica, un paragüero, floreros tamaño mini … Y podés completar la lista con decenas de detalles más.
Por Lou.

La casa no cuaja y todo plan avanza lento. Es de esas épocas. Busco ideas en internet, y nada: la línea entre la inspiración y la frustración es muy fina. Plan B: tiro y regalo cosas. Que no se trate de reacomodar sino de innovar. Plan P: paso horas mirando la pared blanca y barajo opciones medio imposibles. Plan Z: me voy a dormir con ganas de mudarme.
Acostada, veo el rincón e imagino un escritorio. No. Una lámpara. No. Un pequeño sillón. Menos.
Este departamento es impecable. Y el estilo de Clara, la dueña, lo convierte en la Octava Maravilla.
Muebles ancestrales -algunos, de familiares que ni conoció- conviven con los primeros que compró y con otros que trajo Chelo, el novio, cuando se instaló.