Caro y Milo esperaron este departamento durante muchÃsimo tiempo. Lo alquilaban unos amigos que estaban de paso, y el ya nos vamos, ya nos vamos se extendió demasiado. No aguantaron, vieron otros, y el mismo dÃa en que iban a firmar, llegó el llamado. Ahora sÃ.
Se instalaron, pasó el tiempo, nació Vicente, pasó más tiempo, y la casa llegó a su punto justo, dicen, recién hace unos meses. ¡Y ya deben irse!
Prolija, pensada y suave. Tienen muebles clásicos y a medida, pero la gracia siempre está en los detalles ingeniosos: papeles enmarcados, el antÃlope-capricho de Milo, almohadones hechos con remeras que no gustaban y ¿viste el vajillero rojo y protagonista? Era un conjunto de lockers que encontró (“podridos”) en Mercado Libre y transformó totalmente.









































