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Ya pasamos el año de vida (yeah!), y en un año pueden caber muchas cosas. Acá apostamos muchos pesos a que ni una de las casas que fuimos mostrando está hoy en día como la vez que las visitamos. La gente se muda, se junta, se separa, tiene hijos, ve achicarse o agrandarse el sueldo o simplemente cambia los gustos. Y además, si disfrutamos decorando, ¡no queremos que termine nunca!

Marichu, Marcelo y la pequeña Malena viven en un ph de Almagro, que reciclaron y hoy están prontos a abandonar.

Como venían de un lugar mucho más chico, fueron equipándolo de a poco. Pero no sólo cultivan la deco-de-onda sino que le agregaron el plus a fuerza de ingenio: la pinotea que sobró reencarnó en mesita ratona, los estantes del comedor se atiborraron de licores y rones en una colección que combina el terror hepático con pollitos simpáticos o la Copa del Mundo, volvió un cartel de la infancia de Marcelo, unas ¿mantequeras? fueron a parar al baño y las palanganas ahora hacen de macetas.

Viole, Andy y Renata (la gata supermodelo que aparenta muchos menos años de los que tiene) habitan este departamento de dos ambientes equipado con muebles divinos que heredaron o supieron conseguir.

Paula confiesa que ni ella ni Sandro, su marido, tuvieron interés en cómo lucían sus casas hasta que llegaron a ésta, en Pacheco, donde hoy viven con sus tres hijos: Candela, Lorenzo y Camilo. Escuchar esa declaración mientras se recorre cada rincón intervenido por sus manos e imaginación resulta sorprendente.

Texto: Vero Mariani

Si yo les cuento que pasé mi 1ero de mayo (sábado) a escasas 10 cuadras de mi laburo, en pleno microcentro y con una ruidosa marcha encargándose de musicalizar la soleada tarde, creerían que estoy loca. Loca sí, pero de la felicidad.

La actitud heladerística no se detiene.

Gracias a Lucía hoy tenemos un Rincones Chaucha diferente pero muy especial. Ella es vestuarista y por su trabajo viajó a Cuba, y entre tantos lugares que conoció se enamoró de esta casa.

Hoy en Rincones Chaucha: Dos casas y una misma dueña, Eugenia.

San Miguel, hace algunos años:

¿Cuántas veces te topaste con una ganga pero la dejaste pasar porque no era el momento? A Luz y a Mauricio les pasó varias veces cuando vivían en un departamento muy chiquito, en el que no entraba nada más. Priorizando los planes de tener un lugar más grande en el futuro, consiguieron una baulera y fueron guardando allí todo lo que soñaban para esa casa. Así, aceptaron gustosos varios muebles de familiares y no se privaron de pasear, como tanto les gusta, por anticuarios y mercados del Gran Buenos Aires, abiertos a encontrarse con sorpresas a buen precio.

El futuro llegó y el departamento de Núñez luce espléndido con la unión de lo que ya usaban y todo lo que esperaba salir del mientras tanto.

Pero la cosa nunca termina (como dice Luz y nosotros compartimos: ¡por suerte!). De a poco fueron agregando cosas nuevas, como las sillas de Amistad o nada, un sillón conseguido a través de Internet, recuerdos de viajes y el cuadro enorme del living comprado a un pintor loco y simpático del Mercado de Pulgas. Y de autoría de Luz, cortinas para toda la casa y la exitosa lavada de cara a base de pintura y mosaicos para la mesita de las plantas.

Texto: Natalia Alabel

Allá por el 2004, Celeste y Hernán estaban buscando casa. Un aviso los llevó a un ph derruido, en una linda calle de San Miguel. Al llegar, descubrieron algo increíble: era la misma casa en la que se habían conocido, veinte años atrás.